En la vida todos ganamos cicatrices, Algunas son difíciles de percibir, otras son más notorias, pero lo que tienen en común es que todas cuentan historias…en mi caso tengo muchas, algunas en la cara, y otras en el alma, algunas se han borrado con el tiempo, pero yo aún las siento y las recuerdo…unas las gané por orgullo, una travesura, o quizás por alguna locura, pero todas tienen una historia que llevo en mis adentros.
En mi cuerpo llevo algunas como amuleto, la de mi pierna es un muy buen ejemplo, al evitar que mi hermano se fuera a caer, ella quedó en mi cuerpo. Mi hermano la veía como una medalla por ser una buena hermana aunque yo en un principio solo la veía como una fea marca… pero al final con el tiempo terminaron por convertirse en un buen recuerdo.
Mientras tanto en mi alma, tengo algunas que arden como llamas, que duelen y me lastiman. Esas las llevo como lección, me enseñan a partir de la decepción o alguna situación que me hirió. Pero las que más me marcaron fueron esas creadas a partir de cosas que no pasaron, como esa despedida que nunca fue dicha a mi hermano… solo lo vi un día y al otro ya no estaba, siguió con su vida sin ver lo que dejaba atrás de su espalda. Actualmente a veces hablamos, pero todo eso que vivimos quedó en el pasado, y lo único que tengo son las cicatrices que me quedaron…
Por eso las atesoro tanto a todas por igual, porque me traen recuerdos de cosas que no volverán a pasar…
Mariángel (Asturias)
