El territorio ha estado especialmente presente en algunas de las lecturas propuestas, lo que nos ha llevado a generar un discurso que ha transitado desde la nostalgia de la infancia a lo político, descargando del prejuicio de banalidad a las intervenciones de las participantes y dando relevancia a sus opiniones.
Sirva de ejemplo la lectura que una de las participantes, Pilar Recio, nos hizo de sus escritos sobre sus juegos de infancia en el río. Tras leer el relato de un recuerdo de infancia luminoso e idílico, abrillantado por el paso del tiempo, Pilar reflexiona en voz alta sobre lo que ha pasado para que todo eso cambiara. Comienza hablando del tiempo, del paso del cronos y del cambio climático.
Su prima Quini se acuerda de ver cómo los camiones se llevaron los arenales carretera arriba desde la orilla del río, y de
cómo se perdió el escenario de la infancia de Pilar, en cuyo relato, además de nostalgia, se filtra algo parecido a la ira por lo perdido.
Bajo el timón de la mediación de Diana, la conversación vira así hacia cómo se interviene sobre el paisaje, las normativas que regulan el uso del territorio y cómo todo esto afecta a quienes lo habitan. Se desatan entonces las palabras sobre incendios, ganadería, poda y quema de rastrojos; pero no desde la ecolalia de los telediarios o la barra del bar, sino desde
la experiencia propia.
