Hace meses que quiero escribir y no encontraba el momento, así sigo, pero he decidido robar espacio al ruido y al trajín diario para dedicarme un rato a compartir mi sentir respecto a la experiencia con las mujeres en Salir del Tiesto, en Santa Eulalia.

Cada martes me despertaba con la alegría de saber que nos juntaríamos en torno a la lectura un grupo de mujeres que conozco desde hace poco más de cuatro años, pero que me han hecho sentir en casa desde el primer momento, mujeres que nos cruzamos en la calle, con las que compartimos ensayos de teatro, conversaciones en el huerto, y muchas cosas, más, pero mujeres a las que nunca había tenido la oportunidad de escuchar en un contexto como este, de mujeres y literatura, de mujeres y páginas contadas por otra, de mujeres y recuerdos compartidos, de mujeres y sensibilidades puestas sobre la mesa. Cada martes he sido muy feliz entre ellas. 

La voz de Lara queda fijada en mí para siempre mientras nos lleva de la mano sin rozar el suelo a través de la historia del «hombre simiente», flotando, imaginando, sintiendo, recordando nuestras propias experiencias.

Me he dibujado lavándome el pelo en una fuente, bajo la lluvia, como he visto tantas veces hacer a mi abuela y a mis tías, me he emocionado con la una imagen de unas niñas de espaldas porque me han recordado a todas las veces que las mujeres pasamos a un segundo plano.

Podría escribir sin orden alguno todo lo que he sentido con cada una de las propuestas y las lecturas, las imágenes y lo compartido, pero me quedo con la felicidad de formar parte de un grupo de mujeres que sabe escuchar y no tiene miedo a compartir y sostener.

He sido feliz 

Gracias

Ana (Asturias)